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El
niño que le quito la sed a
millones de africanos |
Un día del inolvidable invierno de 1998, en Kemptville (Ontario),
localidad natal de Ryan, la profesora del Colegio St. Michael, Mrs
Nancy Prest estaba dando una pequeña charla a su clase de primer
grado sobre las condiciones y salubridad de los estudiantes de su
misma edad que vivían en Africa.
Preguntó a sus alumnos si sabían cual era la primera causa de muerte
entre sus homónimos los africanos. Todos los niños convencidos de
que era la escasez de alimentos se sorprendieron al saber que es la
mala calidad del agua que beben lo que diezma las aulas de sus
‘antípodas‘.
Ryan Hreljac quedó muy extrañado por la falta de ‘agua limpia’ y
preguntó a Nancy cuanto costaba un grifo en Africa. Mrs Prest,
desconcertada, anticipó a Ryan una cifra que había leído en algún
documento: 70 dólares por una bomba extractora.
Ese mismo día al llegar a casa, Ryan, que todavía estaba aprendiendo
a conocer el valor
monetario de las cosas; pidió a su madre el dinero para comprar un
grifo y enviarlo por correo.
Susan, la primera persona que padeció el ‘Ripple Effect’, ignoró
entre la burla y el desconcierto las inquietudes de su hijo. Pero
Ryan insistió durante toda la semana sobre el dinero e incluso le
propuso hacer las tareas domésticas durante todo un año para
ganarse la posibilidad de decidir que hacer con un primer sueldo.
“No lo entiendes mamáa”, dijo, con lágrimas en sus ojos.
“¡Los niños están muriendo simplemente por no tener agua limpia!”
Su madre, aceptó el reto, a sabiendas de la escasez de constancia en
un niño de su edad. Ryan aspiró, limpió las ventanas y con mucha
determinación, trabajó pacientemente y ahorró cada moneda dentro de
una lata vieja de galletas.
Su madre, cómplice del juego que no del propósito, le anticipaba las
monedas ganadas en tarea. Sus dos hermanos se implicaron en el
proyecto pero pronto claudicaron ante tanta bendita tozudez. Ryan
hizo todas las tareas que le permitía su corta estatura desde enero
de 1998 hasta finales de abril.
Susan acompañó entonces a su hijo a la oficina de la Watercan para
entregar sus ahorros. La directora ejecutiva Nicole Bosley explicó
al encorbatado niño que con 70 dólares solamente se puede adquirir
una bomba de mano.
Para perforar un pozo se necesitarían unos 2.000. A lo que Ryan
contestó: Tendré que hacer más quehaceres entonces...
Nicole Bosley, nuestra segunda cautiva del‘Ripple Effect’, convenció
a sus superiores y a la Agencia de Desarrollo Internacional de
Canadá para pagar la factura del pozo a medias con Ryan. Lo que
dejaba la cifra en 700 dolares de ‘trabajos forzados’ en el
hogar de los Hreljac. Una familia de clase media-baja con recursos
económicos limitados.
Inmediatamente la onda del ‘Ripple Effect’ se propagó por la
comunidad y vecindad de Ryan quien no tardó en recolectar el dinero
suficiente para la inversión de su primer pozo.
La Watercan concedió entonces una entrevista a Ryan con Gizaw Shibru,
el director para Uganda de todos sus programas de acción. Ambos
eligieron la escuela de Angolo en Otwal como el destino del pozo,
una localidad al norte del país azotada por el SIDA y la sequía
donde 1 de cada 5 niños moría antes de cumplir la edad de Ryan.
Pero la ambición de Ryan no quedó a expensas de las voluntades
adultas. Cuando se enteró que los pozos se perforaban a mano
transformó su renovada obsesión en una nueva onda cautivadora en
busca de los 25.000 dólares que costaba un taladro móvil.
Su madre atrapada entre el orgullo y la devoción consiguió una
entrevista a través de su amigo periodista Puddicombe Derek para el
periódico ‘Ottawa Citizen‘ que desembocó en un documental para la TV
y la llegada de cheques y donaciones desde todos los puntos del
país.
Mientras, en su clase, la profesora Nancy inició un intercambio de
cartas con los
alumnos de la escuela de Uganda: …Querido Ryan, me llamo Akana
Jimmy. Tengo 8 años. Me gusta el futbol. Nuestra casa está hecha de
hierba. ¿Como son en los EEUU?
Tu amigo, Akana Jimmy.
Ryan contestó con:
…Querido Jimmy, debe ser fantástico tener una casa hecha de hierba.
Tengo 8 años. ¿Bebes agua de mi pozo todos los días? ¿Cual es tu
materia preferida en la escuela? Iré a Uganda cuando tenga 12 años.
Mi casa está hecha de ladrillos[...] Escríbeme pronto.
Tu amigo
Ryan.
La carta adjuntaba una fotografía de Jimmy. Un estudiante con una
historia también cautivadora que había logrado escapar de las garras
del Ejército de Resistencia del Señor o LRA.
Durante semanas Ryan adoptó como suya la imagen de su nuevo amigo.
¿Podría reunirme con él? se preguntaba. Susan y su marido pensaron
que quizás, algún día, podría permitirse un viaje. Tal vez cuando
Ryan cumpliera los 12.
Pero Ryan no podría esperar tanto. Pronto, el efecto rebote de la
siguiente onda atrajo a un adinerado ejecutivo del barrio que donó a
los Hreljac su tarjeta de puntos aéreos, recolectados en sus
infinitos viajes, lo que permitió a Ryan viajar a conocer a su nueva
alma gemela.
En el mes de julio de 2000 Ryan llegó a la ciudad de Otwal
acompañado de sus padres. 5.000 niños le esperaban coreando su
nombre.
“¡Saben mi nombre!!”, dijo asombrado.
“Todos los que viven a 100 kilómetros saben tu nombre, Ryan” dijo
Gizaw Shibru.
Al final del pasillo humano le esperaba su amigo Jimmy. Este agarró
de la mano a Ryan y se lo llevó a su pozo para que pudiera cortar la
cinta.
Inauguraba entonces el primero de los 432 pozos que a través de 15
países (fundamentalmente en África) ha perforado con las inversiones
de su Fundación
Pagina Web de :
Ryan Swell
Lunes 18 de Julio 2010
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