El Mar de la Almadraba

Yo soy Kyra, y aunque no hablo como vosotros, siento el mundo de una manera tan profunda que a veces creo que mis recuerdos tienen luz propia. Aquel día en la Almadraba fue uno de esos que se quedan pegados al alma.

El viaje — desde mi rincón en el maletero

El coche estaba preparado desde temprano. Jana tomó el volante, como siempre que quiere cuidar de todos. Tú, Marian, te sentaste a su lado, con esa calma que me hace sentir segura incluso antes de que el motor arranque.

Detrás de vosotras, Damaris y Danais se acomodaron juntas, hablando sin parar, llenas de esa energía que solo tienen las niñas cuando saben que les espera un día de playa.

Y yo… yo estaba en el maletero abierto, junto a Daco. El aire entraba fresco, lleno de olores: pinos, carretera, verano. Daco estaba a mi lado, sólido, tranquilo, como una montaña que respira. Él siempre ha sido mi equilibrio. Cuando yo me emociono, él me calma. Cuando yo corro, él me sigue. Cuando yo descanso, él se tumba cerca, como si su presencia fuera una manta que me cubre.

Yo lo miré, él me miró, y sin palabras nos dijimos:

“Vamos juntos.”

El coche avanzó hacia la Almadraba, y yo miraba por la ventana. Era mi segunda vez allí, y lo recordaba todo: el olor del mar, la arena tibia, el sonido de las olas llamándome como si fueran viejas amigas.

La llegada a la Almadraba

Cuando Jana aparcó, el mar ya nos llamaba. Tú abriste el maletero y yo salté la primera, porque el mar es mi alegría. Daco bajó detrás, con esa elegancia silenciosa que siempre tuvo.

Cuando llegamos, el aire olía a verano. La playa nos recibió con una luz dorada que parecía extenderse hasta el horizonte. Yo corrí primero, porque así soy: cuando el mar me llama, no puedo esperar. Dejé huellas rápidas en la arena, y el viento me acarició las orejas. Daco me siguió, fuerte y elegante, como si el mar también fuera suyo.

Las niñas extendieron las toallas, buscaron conchas, se mojaron los pies. Marian y Jana caminaron juntas hacia la orilla, hablando bajito, compartiendo ese silencio que solo tienen las amigas que se quieren de verdad.

Yo me acerqué a Marian, moviendo la cola. Ella me acarició la cabeza, y yo sentí que todo estaba bien. Jana miró a Daco y sonrió. La Almadraba estaba preciosa: arena tibia, agua clara, luz dorada. Las niñas corrieron hacia la orilla, y yo las seguí, porque ellas son como pequeñas estrellas que iluminan todo. Damaris me acaricia siempre como si yo fuera un tesoro. Danais me abraza como si quisiera quedarse dentro de mi calor. Yo las siento como parte de mi manada. Son suaves, son ruidosas, son luz. Y yo las protejo sin que nadie me lo pida.

Las niñas nos llamaron, y yo corrí hacia ellas. Me metí en el agua, chapoteé, jugué, ladré. El mar estaba fresco, vivo, perfecto. Pasamos horas así: corriendo, descansando, sintiendo el sol en la piel. El tiempo se volvió lento, como si la Almadraba quisiera guardarnos allí para siempre.

Jana es diferente.

Ella no solo me mira: me entiende. Cuando yo me acerco, ella baja la mano sin pensarlo. Cuando yo me tumbo cerca, ella sonríe como si mi presencia le hiciera bien. Cuando yo corro, ella me sigue con la mirada, como si quisiera asegurarse de que nada me pasa. Para mí, Jana es como un árbol fuerte: me da sombra, me da calma, me da hogar.

Daco…

Él es mi compañero, mi espejo, mi equilibrio. Cuando yo era pequeña, él me revisó de arriba abajo, como si quisiera saber quién era yo. Y desde ese día, nunca nos separamos. En la playa, él camina a mi lado. Si yo me meto al agua, él entra también. Si las niñas corren, él las vigila. Si tú o Jana os alejáis, él os sigue con la mirada.

Daco es silencio, fuerza, lealtad. Yo soy torbellino, alegría, impulso. Juntos somos algo que no se explica, solo se siente.

El merendero bajo los pinos, después de jugar, fuimos al merendero. Vosotras llevabais la comida: tortilla, fruta, pan. El aire era fresco, y el suelo olía a sombra y verano.

Yo me tumbé cerca de ti, Marian, porque tu presencia me calma. Daco se tumbó junto a Jana, como siempre. Las niñas comían, reían, inventaban historias. Y yo escuchaba todo, porque, aunque no hablo, entiendo más de lo que creéis.

Damaris dijo que yo sabía abrir la puerta del jardín. Danais me imitó corriendo por la playa, y todos rieron. Yo moví la cola, feliz de ser parte de ese momento.

Ese momento fue perfecto:

la familia, la amistad, el mar, la sombra, el pan, la calma.

Cuando el sol empezó a bajar, me acerqué a ti y apoyé la cabeza en tus piernas. Tú me acariciaste despacio, y yo cerré los ojos. Sentí tu amor como una luz cálida que me envolvía.

Daco se acercó a Jana y se tumbó a su lado.

Las niñas miraban el mar. Y por un instante, todo quedó quieto, como si el mundo respirara con nosotros.

Llego el momento de regresar  a Cambrils

Volvimos igual que fuimos:

Jana conduciendo, tú a su lado, las niñas detrás, y yo con Daco en el maletero abierto, sintiendo el aire de la tarde. El cielo se volvió azul profundo. Las luces de la carretera pasaban como luciérnagas. Daco apoyó su cabeza en mi lomo. Yo cerré los ojos.

Y pensé:

“Esta es mi manada. Este es mi mundo.”

Al llegar a casa, me estiré, moví la cola, y pensé que aquel día quedaría grabado para siempre en mi corazón: un día de verano, de familia, de amistad, de mar…un día donde todo fue exactamente como debía ser.

Un día donde yo, Kyra, fui feliz.

Marian

Jueves 24 de septiembre del 2026

 

 

 

 

 

 

 
 

Esta página Web ha sido realizada sin ningún ánimo de lucro. Sus imágenes son cogidas de Internet y otras diseñadas por mi . Derechos de autor protegidos por la Ley de Propiedad de Madrid y por las Leyes Constitucionales de la Legislación española vigentes.
Autora y Webmaster:
By
MarianDesigns © 2026