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La riera, Ana, Adrián… y mi primer descubrimiento
del mundo
Yo era pequeña, apenas cinco meses, pero mi corazón
ya sabía muchas cosas: sabía que tú eras mi hogar, sabía que tus pasos
eran mi guía, sabía que tu voz era la música que calmaba mis nervios.
Aquel día, cuando me dijiste “vamos a ver a Ana y
Adrián”, no entendía las palabras… pero entendí tu alegría. Y cuando tú
estás feliz, yo también lo estoy.
Caminamos hacia su casa. Yo olía todo: la tierra
húmeda, el aire fresco que venía de la riera, las hojas moviéndose como
si quisieran saludarme. Tú ibas a mi lado, y yo tiraba de la correa con
esa energía que no cabía en mi cuerpo.
Cuando llegamos, Ana estaba en el portal esperando
a que bajara Adrián.
La reconocí al instante. Su olor era suave, cálido,
como el de alguien que siempre ha querido a los animales. Me miró con
ternura, esa ternura que no pesa, que no invade, que simplemente
abraza. Yo levanté la cabeza y moví la cola despacio, como diciendo:
sí, te recuerdo, y me gusta cómo me miras.
Pero entonces… apareció Adrián.
Un torbellino de luz, un niño que no caminaba:
volaba. Que no hablaba: cantaba, que no me miraba: me celebraba. Para e
era una fiesta.
En cuanto me vio, soltó una risa que me hizo saltar
sin pensarlo. Era una risa limpia, de esas que hacen que el mundo
parezca más grande y bonito. Se acercó corriendo y yo, aunque era
pequeña, sentí que él era como yo: energía pura, ganas de jugar, ganas
de descubrir.
Y así empezó todo.
El juego que no terminó en horas. Fuimos juntos
hacia la riera. Tú caminabas con Ana, hablando, riendo, compartiendo
ese cariño que siempre ha existido entre vosotras. Yo iba delante,
pegada a Adrián, como si él fuera mi hermano humano.
Sentía a lo lejos el romper de las olas que me
encanta, ese murmullo que parece contar historias. Adrián cogía
palitos, los lanzaba, y yo corría detrás de ellos como si fueran
tesoros. A veces los traía, a veces no… porque a veces encontraba algo
mejor: una piedra brillante, una hoja enorme, un olor nuevo.
Adrián se reía cada vez que yo hacía un salto raro.
Yo lo miraba y pensaba: qué bonito es este niño, qué bonito es que me
quiera así.
Jugamos durante horas. Horas sin tiempo, horas en
las que el mundo era solo eso: tú, Ana, Adrián y yo… y la riera que nos
con ese olor a hierba recién cortada.
Adrián corría y yo lo seguía. A veces él se
escondía detrás de arbustos y yo lo encontraba enseguida, porque su
olor era como una campanita que me guiaba. Otras veces él se tiraba al
suelo y yo me tumbaba encima, como diciendo: no te escapas, eres mío.
Me encantaba que me tirara la pelota, era una pasión para mí., me
costaba devolverla a veces, pero la traía, claro para que me la
volvieran a tirar.
Tú nos mirabas desde un poco más lejos, con esa
mezcla de orgullo y ternura que siempre tenías cuando me veías feliz.
Yo te veía, aunque fingiera que no. Siempre te veía. Siempre te
buscaba. Siempre te necesitaba cerca.
El momento en que supe que ese día sería eterno
Hubo un instante, pequeño pero enorme, en el que
Adrián se sentó en una piedra y me acarició la cabeza. No dijo nada.
Solo me miró.
Y yo entendí algo:
que él también era familia, que él también era
parte de mi historia, que ese día quedaría guardado en mi corazón como
uno de esos recuerdos que nunca se borran.
Ana sonreía, tú también. El sol bajaba despacio,
pintando la riera de dorado. Y yo, con cinco meses, sentí que el mundo
era perfecto.
Cuando volvimos a casa al final del día, yo estaba
cansada… pero de esa manera bonita, esa que deja el cuerpo flojito y el
alma llena. Entramos a casa y tú te sentaste en el sofá, me subí
también y me acurruqué a tu lado, sintiendo tu olor, tu mano, tu
presencia.
Pensé en Adrián, en Ana, en la riera, en los
juegos, en las risas. Pensé en ti. Y me dormí con la certeza de que ese
día había sido un regalo. Un día que me enseñó que el mundo está lleno
de personas buenas. Un día que me enseñó que tú siempre me llevarías a
lugares donde yo pudiera ser feliz.
Un día que me enseñó que la riera, Adrián y Ana
serían parte de mi historia para siempre.
Marian
Miércoles 23 de Septiembre del
2026
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