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La
Fontana di Trevi
Ana había soñado con la Fontana di Trevi durante años. Las fotos no le
hacían justicia; la majestuosidad de la fuente, con sus esculturas de
mármol blanco y el agua turquesa que caía en cascada, era algo que
debía experimentarse en persona. Había ahorrado durante meses,
planeando cada detalle de su viaje a Roma, y ahora, finalmente, estaba
allí.
La multitud era densa, un torbellino de turistas y locales que se
movían alrededor de la fuente. Ana se abrió paso, buscando un buen
lugar para lanzar su moneda. La tradición dictaba que, al arrojar una
moneda a la fuente, se aseguraría su regreso a Roma. Con una sonrisa,
cerró los ojos, pidió un deseo y lanzó la moneda.
Mientras se giraba, sintió una mirada. Un hombre, apoyado en una
columna cercana, la observaba. Tenía el cabello oscuro, ojos profundos
y una sonrisa que ilumina su rostro. Ana sintió un cosquilleo en el
estómago.
Él se acercó. "Parece que has pedido un deseo", dijo, su voz suave y
con un ligero acento italiano.
Ana asintió, sintiéndose repentinamente tímida. "Sí. Volver a Roma".
"Es un buen deseo", respondió él. "Yo también lo pedí, hace mucho
tiempo".
Se presentó como Marco. Pasaron la tarde juntos, explorando las calles
empedradas descubriendo secretos de la ciudad eterna, compartiendo
risas, miradas cómplices, y momentos de silencios que dicen más que mil
palabras. Ana descubrió que Marco era un artista, un escultor que
encontraba inspiración en la belleza de la ciudad. Él, a su vez, quedó
cautivado por la alegría y la curiosidad de Ana.
La Fontana di Trevi se convirtió en su punto de encuentro. Cada día, se
reunían allí, compartiendo historias y sueños. Ana se enamoró de Roma,
pero también, y con más fuerza, de Marco.Se convierte en el símbolo de
su amor, el lugar donde todo comenzó. Cada vez que la ven, recuerdan
ese primer encuentro, la magia del momento, la promesa de un futuro
juntos.
Una noche, bajo la luz de la luna, Marco la llevó de vuelta a la
fuente. La fuente brillaba, reflejando las luces de la ciudad. Se
arrodilló, sacó un pequeño anillo y le preguntó a Ana si quería
compartir su vida con él. Ana, con lágrimas en los ojos, asintió. Sabía
que su deseo se había cumplido, de una manera que nunca había
imaginado. Pero tenía que regresar España, le prometió a Marco que
volvería junto a él...
Al año siguiente, Ana volvió a la Fontana di Trevi. Como e había
prometido a Marco. Al llegar a la fuente, sintió un vuelco en el
corazón. Allí estaba, como si el tiempo no hubiera pasado, la Fontana
di Trevi, imponente y hermosa. Y allí, sentado en el mismo lugar de
siempre, estaba Marco.
Sus ojos se encontraron, y el mundo pareció detenerse. La magia del
primer encuentro, la promesa de un futuro juntos, revivió con fuerza.
La Fontana di Trevi, símbolo de su amor, los había reunido de nuevo. El
agua, al caer, parecía susurrarles al oído: "Su amor es eterno". Ana y
Marco, de nuevo juntos, sabían que su historia, escrita en las piedras
de la fuente, continuaría para siempre. El agua cristalina reflejó sus
rostros, sellando un nuevo comienzo, un amor que había encontrado su
camino en la magia de la Fontana di Trevi.
Marian
Martes 13 de Enero del 2026
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