Marta

 

La clase estalló en carcajadas cuando a Marta se le cayó el cuaderno. Uno se lo piso, otro lo tiro al aire, otro lo escondió. Ella se agachó a recogerlo, nadie… absolutamente nadie, la ayudó. Marta tiene trece años. Cabello rizado, uniforme bastante usado, la cabeza siempre agachada. Ella nunca hablaba. No opinaba. Siempre pasaba desapercibida salvo cuando alguien necesitaba a quién humillar.

 Le decían "La sucia". "Basura", sí la incluían en algún grupo era para burlarse. Editaban sus fotografías. Imitaciones crueles. Siempre reían de ella hiciera lo9 que hiciera. Un día, entro en clase con su cuaderno en la mano. Había escrito una redacción…. Tenían que traer una redacción sobre lo que más deseaba en el mundo. Todos escribieron viajes, fama, amor.

Ella escribió: “Quiero pasar un solo día sin miedo.”

El eco de esas palabras, “un solo día sin miedo”, resonaba en la mente de Marta mientras caminaba a casa. La burla, el desprecio, la humillación, eran compañeros constantes, sombras que la acechaban en cada pasillo, en cada clase, en cada rincón del colegio.

Esa noche, Marta no durmió. La carta, la redacción, la había escrito con la esperanza de que alguien, un profesor, un compañero, viera más allá de la "sucia", de la "basura". Pero sabía, en lo más profundo de su ser, que la esperanza era un lujo que no podía permitirse.

A la mañana siguiente, el aire era frío y húmedo. Marta, con el corazón latiendo con fuerza, entró al colegio. El bullicio habitual, los gritos, las risas, la recibieron como siempre. Pero algo era diferente. Una sensación extraña, una calma inusual, se apoderó de ella. Los insultos, las miradas de desprecio, parecían rebotar en una barrera invisible.

En la primera clase, la profesora de matemáticas, la señora Rodríguez, conocida por su severidad, le sonrió. "Marta, ¿podrías resolver este problema en la pizarra?". Marta, sorprendida, asintió. Con manos temblorosas, escribió la solución, y la señora Rodríguez, en lugar de criticarla, la felicitó. "Excelente, Marta. Muy bien hecho".

En el recreo, mientras caminaba por el patio, sintió una mano en su hombro. Era Marcos, el chico más popular del colegio, el que siempre lideraba las burlas. Marta se preparó para el insulto, para la humillación. Pero Marcos, con una sonrisa tímida, le ofreció un sándwich. "vi tu redacción", le dijo. "Espero que hoy sea un buen día para ti".

El resto del día transcurrió en una atmósfera irreal. Nadie la insultó, nadie la ignoró. Incluso, en la clase de literatura, el profesor le pidió su opinión sobre un poema. Marta, con la voz temblorosa, compartió sus pensamientos, y el profesor la escuchó atentamente.

Al final de la jornada, cuando el timbre anunció la salida, Marta sintió una mezcla de incredulidad y felicidad. Había sobrevivido a un día sin miedo. Un día en el que, por primera vez, se sintió vista, escuchada, valorada.

Mientras caminaba a casa, el sol se ponía, pintando el cielo con los mismos colores del día anterior. Pero esta vez, la belleza del atardecer no era un contraste con la oscuridad, sino un reflejo de la luz que brillaba en su interior.

Llegó a casa, y se encerró en su habitación. Sacó la carta, la redacción, y la leyó una vez más. “Quiero un solo día sin miedo.” Y entonces, se dio cuenta de algo. No había sido un sueño. No había sido una ilusión. Había sido real. Y ese día, ese único día sin miedo, había cambiado algo en ella. Había plantado una semilla. La semilla de la esperanza.

Pero la historia no terminaba ahí. Al día siguiente, el colegio volvió a ser el mismo infierno de siempre. Las burlas, los insultos, las miradas de desprecio, regresaron con la misma fuerza. Marta sintió que la semilla de la esperanza se marchitaba.

Sin embargo, algo había cambiado. Ya no era la misma Marta. El día sin miedo le había dado la fuerza para resistir. Ya no se escondía. Ya no bajaba la mirada. Empezó a responder a las burlas, a defenderse, a alzar la voz.

La reacción de sus compañeros fue inmediata. Las burlas se intensificaron, las humillaciones se volvieron más crueles. Pero Marta no se rindió. Sabía que la lucha sería larga, que el camino sería difícil. Pero también sabía que no estaba sola. Marcos, el chico que le había ofrecido el sándwich, se convirtió en su aliado. Otros compañeros, que antes se habían mantenido al margen, empezaron a apoyarla.

La directora del colegio, al enterarse de la situación, convocó una reunión con los alumnos. Habló sobre el acoso escolar, sobre la importancia del respeto, sobre la necesidad de crear un ambiente seguro para todos.

La lucha de Marta no fue fácil. Hubo días de lágrimas, de desesperación, de ganas de rendirse. Pero la semilla de la esperanza, aunque a veces parecía marchita, nunca murió. Y poco a poco, muy lentamente, el ambiente en el colegio empezó a cambiar. Las burlas disminuyeron, las miradas de desprecio se suavizaron.

Un día, Marta recibió una carta anónima. En ella, alguien le pedía perdón. Alguien que había participado en las burlas, que se había reído de ella. Marta sintió una mezcla de sorpresa y emoción. Sabía que la lucha no había terminado, que el camino aún era largo. Pero también sabía que había logrado algo. Había sembrado la semilla del cambio. Y esa semilla, con el tiempo, daría sus frutos.

La historia de Marta no es una historia de fantasía, sino una historia de valentía, de resistencia, de esperanza. Una historia que nos recuerda que, incluso en la oscuridad más profunda, siempre hay una luz que puede guiarnos. Y que, a veces, un solo día sin miedo puede cambiarlo todo.

“NO MAS BULLYING"

 

“El bullying no siempre deja marcas en la piel. A veces, deja huecos en el alma, tan hondos, que tragar saliva se convierte en sobrevivir un día más. No seas testigo. No solo seas un mero espectador. Habla. Intervén. Acércate. Ayuda. Porque una palabra tuya puede ser la diferencia entre una despedida y una segunda oportunidad.

No es solo una frase; es un compromiso con la empatía y el respeto. Enseñemos a Amar y no a burlarnos de los demás, la burla puede causar un gran dolor, incluso el suicidio, no discriminemos. Somos todos iguales. La belleza de una persona esta dentro, no  afuera."

Marian

Martes 3 de febrero del 2026

 
 

 

 

 
 

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